Hoy no estamos en Cartagena de Indias, tampoco esperamos por 51 años, 9 meses y 4 días por ese gran amor. Estamos en Perú y hemos esperado 35 años sin ese amor que se nos alejó en el camino de la vida. Hemos tenido que esperar pacientemente cada derrota, cada empate o cada victoria que nos embelesaba los sentidos llenos de fútbol.
Vivimos cada minuto y hemos sufrido más de lo vivido. Hemos acosado al destino y nos ha devuelto una esperanza. Hemos ganado en lugares inimaginables y por eso hoy por hoy todo un grupo de futbolistas llevaron su fútbol a las tierras neozelandesas. El resultado me dice que aún se puede, que dentro de lo previsto estamos muy cerca de ese Mundial.
Quiero pensar que lo que dicen es cierto, que 'si no se sufre, no vale'. Vivir enfiebrado de fútbol es vivir de amor, que vivir un empate amargo será parte de la vida. Que la lucha es dura y que sufrir está escrito, quizá. Que han pasado 90' en los que pudimos y no concretamos, es cierto. Que duele, también.
Pero no los juzgo, estoy dispuesto a vivir 90' más en donde tengo que gritar y corear cada barra, que estoy dispuesto a comprometerme a dejar la vida por ustedes. Vivir al límite es un riesgo que quiero vivir este miércoles, que voy a estar igual de concentrado que ellos y que cantaré el himno con mucho placer aunque en el camino las lágrimas se desborden a flor de piel.
Sé que, para bien o para mal, mi vida no será la misma después de este miércoles. No solo la mía, quizá la de muchos. Tengo la idea de que cumpliré cada cábala desde la alborada del miércoles. Yo no sé cómo terminaré el día, solo estoy convencido que me la jugaré por ustedes y que estoy con la misma pasión que la que tuve desde el primer partido. Porque esta pasión, no es para cobardes. Te amo, Perú.

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